jueves, 19 de diciembre de 2013

Regreso a Jánovas

Estado actual de Jánovas, en ruinas. Pronto lo veremos cambiar. (Foto: Juan R. Lascorz)
Por fin, después de más de cinco décadas expulsados de sus casas y de su valle, los vecinos del pueblo oscense de Jánovas pueden empezar a volver. Han comenzado las reversiones de las expropiaciones que llevó a cabo en su momento Iberduero para construir una presa que iba a inundar el valle del Ara. Endesa ha firmado los primeros acuerdos con varios vecinos que dejaron sus casas en perfectas condiciones de habitabilidad y sus campos en producción y ahora reciben ruinas y campos yermos... los que los reciben, porque tras 50 años hay muchos que ya no están, que murieron con la rabia y la amargura de que los habían echado de sus casas, de sus vidas al fin y al cabo.
Se te queda un regustillo agridulce y de muy mala leche cuando lees, por ejemplo, el reportaje aparecido en la web de El País. Aunque es cierto que van a poder volver y eso es una gran noticia, antiguos vecinos de Jánovas recuerdan cómo la propia Guardia Civil fue la encargada de pegarle una patada a la puerta de la escuela, echar a los críos que estaban dando clase y acto seguido dinamitar el edificio. O cómo conforme iban expulsando a la gente de sus casas las hacían volar por los aires para que no pudiesen volver. ¿Nadie va a pagar por todo esto, verdad? Además, Endesa pide ahora a cambio de ruinas y barzales el dinero que se les pagó cuando los expropiaron ¡actualizado con los IPC de todos estos años! Es decir, que por una buena casa y unos buenos campos por los que desembolsaron 100.000 pesetas ahora reclaman 3.500 euros (unas 600.000), pero devolviendo ruinas inhabitables que costará un dineral poner otra vez en condiciones y campos yermos. No son cifras citadas al azar, son las que da Toni Garcés, vecino de Jánovas de 64 años de edad, en el artículo de El País que os hemos enlazado.
Amparados en la dudosa legalidad de la expropiación de unas tierras para hacer un pantano con el único objeto de producir electricidad, los secuaces de Iberdrola y la Guardia Civil se comportaron como un ejército invasor aplicando la estrategia de la tierra quemada.
No nos podemos olvidar de que no sólo Jánovas corrió esta terrible suerte: Lavelilla y Lacort, dos núcleos más pequeños, también fueron expropiados y ahora vuelven a poder habitarse de nuevo. Casa y tierras de todo el valle se quedaron en manos bastardas que durante cinco décadas se han negado a devolver a la gente de los tres pueblos lo que era suyo, lo que nunca debió dejar de ser suyo.
Me gustaría mucho que se hiciese justicia con todos estos sobrarbenses, aunque sinceramente creo que no hay posible compensación por lo que se les hizo, pero al menos alguien debería pagar por aquel atropello. Ya sé que eso es imposible y más en este país donde cada día más parece que los ricos y poderosos pueden hacer lo que les da la gana con todos nosotros.
Al menos, los antiguos vecinos del valle del Ara podrán volver a sus casas, levantarlas de nuevo y, como dice La Ronda de Boltaña en su canción "La casa caída", hacer que las chamineras vuelvan a ondear orgullosas su bandera de humo. Espero poder verlo pronto...
(Foto: birasuegi)
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jueves, 7 de noviembre de 2013

Cámaras de fotos contra escopetas en las reservas de caza de Aragón

¿Qué, lo preferís vivo o muerto? (Foto: DGA - María Sorando)
El fin de semana pasado estuve en Castiello de Jaca, aprovechando el puente de Todos los Santos. Nos juntamos varias parejas de amigos con críos y estuvimos toda la tarde del día 1 vaciando calabazas, haciendo buñuelos y empanadico, bebiendo buen vino y echando unas risas... Al día siguiente tocaba probar de nuevo con las setas. Ya llevo varias intentonas fallidas este año, os he ido contando aquí y en mi perfil de Facebook, pero inasequible al desaliento volví a echarme al monte.
Esta vez escogí La Garcipollera, donde en otras ocasiones he tenido bastante suerte con la negrilla y el rebollón. Pero en esta ocasión, además de volver otra vez con la cesta medio vacía, tuve un encuentro que me amargó bastante la mañana: una batida de caza. Ya me da bastante por el saco, permitidme que me exprese así, el asunto de la caza, pero es que además los agentes de la naturaleza habían bloqueado el acceso al monte que está a la espalda de Villanovilla sólo con una furgoneta sin ningún distintivo puesta en medio del camino con las puertas abiertas y un cartel, convenientemente tapado por la furgoneta, que no había forma de ver si pasabas por el lado contrario de esa curiosa valla de seguridad. Como evidentemente no vi el cartel, me los encontré de morros y tuve que aguantar los malos modos de uno de ellos, que se debía de creer el sheriff del condado o algo así. Un chulo con pintas, si me volvéis a permitir la expresión, uno de esos tipejos a los que les pones un uniforme y se piensa que tiene derecho de pernada... qué le vamos a hacer, gentuza tiene que haber en todos los oficios, hasta en el mío.
Y ese desagradable encuentro me recordó una noticia que tenía guardada como borrador en el blog desde el año pasado por estas fechas, sobre el éxito que tienen las visitas organizadas en la reserva de caza de los Montes Universales, en Teruel, para observar a los ciervos y disfrutar del espectáculo de la berrea, que se produce por estas fechas. La Garcipollera también es una reserva de caza, pero allí en lugar de cámaras fotográficas lo que sigue primando son las escopetas. Y eso me pone de muy mala leche, porque amo con toda mi alma ese valle de la Jacetania y sé que tiene mucho más que ofrecer que sangre y plomo, ya os lo conté una vez aquí. Si se organizasen visitas para observar la berrea, como en Teruel, y no monterías para que unos cuantos escopeteros maten ciervos, es probable que económicamente no fuese un negocio tan rentable pero estoy seguro de que el tipo de turismo que se atraería sería un turismo de calidad y respetuoso con el medio ambiente, no a los señoritos de Los santos inocentes.
El ejemplo de la reserva turolense, que este es el sexto año que organiza esta actividad, debería cundir, ¿no creéis? Este año, según una reciente noticia del Diario de Teruel, ya han disfrutado del espectáculo de la berrea 300 personas (el año pasado tan solo fueron 40) mediante visitas gratuitas, que se reservan de forma anticipada, en grupos de diez. Imaginaos los ingresos que seguro han supuesto, a pesar de la gratuidad de las visitas, todos estos turistas de naturaleza para Orihuela del Tremedal, el pueblo de donde se sale para realizar la actividad: un almuerzo en el bar, una comida, compro un recuerdo, una botella de vino o un poco de Jamón de Teruel en la tienda... Vamos, que no puedo hacer otra cosa que dar la enhorabuena a los que pusieron en marcha esta iniciativa hace seis temporadas y a todos los que las están manteniendo y haciendo que cada año sea más conocida. Esto es lo que se llama desarrollo rural sostenible, sí señor.
De hecho, el Ayuntamiento de Orihuela del Tremedal abrió en 2011 un centro dedicado a los valores naturales y el interés cinegético de la reserva de caza de los Montes Universales, un gran espacio natural de 50.000 hectáreas donde conviven especies animales como el corzo, el jabalí, el gamo, el zorro, la liebre, la paloma torcaz… y especialmente el ciervo o venado, animal protagonista del centro y de la reserva.
Mientras que en los Montes Universales potencian el turismo de naturaleza en lugar de las escopetas y en la reserva de caza de los Puertos de Beceite, en el Matarraña, se habla de un posible parque natural, el valle de La Garcipollera permanece olvidado por el Gobierno de Aragón en temas medioambientales (y a lo mejor en todos los temas, no sé yo...). No me parece ni medio normal. ¿Es que no se merece algo más ese rincón del Pirineo?

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lunes, 28 de octubre de 2013

El último valle

La torre del castillo preside el caserío de Troncedo, en el valle de La Fueva.
Supongo que algunos de vosotros habréis reconocido en el título de mi post el de una película de Michael Caine del año 1970. En esa película, ambientada durante la guerra de los 30 años en una Europa asolada, una compañía de mercenarios llega a un valle que no ha sido afectado por la peste ni la destrucción, un pequeño paraíso rodeado de desolación que vive ajeno a ella. Algo así se siente cuando se llega al valle de La Fueva, en la provincia de Huesca: ni Sobrarbe ni Ribagorza (aunque los mapas lo incluyan en la primera de las dos comarcas), un triángulo situado entre el Cinca, el Ésera y la sierra que comienza en la Peña Montañesa y se prolonga hacia el macizo de Cotiella alberga uno de los rincones más preciosos del Pirineo aragonés. Con su población más importante en Tierrantona, está salpicado de pequeños pueblos que se han salvado de la especulación urbanística y el turismo desenfrenado de los últimos años y conservan el orgullo y la idiosincrasia de ser “fuevanos”.
Si la primavera es la estación de las flores, el otoño es la de los frutos...
El pasado fin de semana de El Pilar salí huyendo de Zaragoza, que uno está entrando ya en una edad en la que las fiestas dejan de apetecer y se prefiere la tranquilidad, y volví al valle de La Fueva. Ya había visitado la zona durante el puente de la constitución en 2009 y me enamoró. En aquella ocasión visité el sobrecogedor castillo del Muro de Roda, recorrí las retorcidas carreteras del valle y pasé por un pueblo que me quedó en la lista de “asuntos pendientes”: Troncedo. Tenía que volver...
Como en la anterior ocasión, volví a alojarme en O Chardinet d’a Formiga, una casa rural preciosa en un pueblecico que se llama Charo. Fue un enorme placer reencontrarme con sus propietarios, Ferrán y Mireia, dos excepcionales anfitriones y encantadoras personas. Compartimos unas buenas charradas alrededor de la mesa comunal donde todos los hospedados desayuna y cenan, intercambiamos futuros proyectos y, yo al menos, disfruté muchísimo de su compañía.
Desde Charo a Troncedo habrá veinte minutos de carretera llena de curvas que merece la pena recorrer y que atraviesa Formigales, un pequeño núcleo con una impresionante casa fuerte presidiéndolo. Troncedo es un pueblo realmente precioso, lleno de casas antiguas rehabilitadas con tino y algunas nuevas perfectamente mimetizadas con el resto del caserío. Está situado como alineado sobre una cresta que termina en la impresionante atalaya del castillo, del que sólo quedan las ruinas de un imponente torreón que fue recientemente consolidado para evitar su ruina total. Desde lo que en su tiempo fue el patio del castillo se divisan las fortificaciones de Samitier y el Muro de Roda, en despejadas visuales que los pondrían en comunicación mediante algún tipo de señal cuando todo el valle era la frontera del incipiente reino de Aragón frente al califato de Córdoba, allá por el siglo XI. Desde la explanada, el semiderruido torreón parece una cara que sonríe o más bien una calavera descarnada que te mira desde sus cuencas vacías. No puedes evitar sentir un poco de pena por el esplendor perdido de la magnífica fortificación, que 1000 años atrás defendía las tierras de la montaña de las incursiones musulmanas.
La torre del castillo a mi espalda. Yo estoy donde se encontraba el patio de armas de la fortaleza. (Foto: Pilar Pérez)
Recorriendo el pueblo desde el castillo hacia su otro extremo pasas junto a su iglesia románica, atraviesas las calles empedradas y llegas, si continúas un poco más allá, a una zona de campos semiabandonados en la que se ubica la ermita del Carmen, una pequeña construcción que merece la pena más por su entorno y las vistas que se tienen desde allí que por su valor arquitectónico, pero que os recomiendo visitar igualmente. Durante el paseo descubrí muros de piedra seca para separar los campos y marcar los caminos de herradura que sólo había visto tal cual en La Iglesuela del Cid, en el Maestrazgo turolense, al otro extremo de Aragón. La piedra seca era la forma habitual de construir estos muretes en todas partes, pero la manera de colocarla tan particular sólo la he visto en estos dos lugares. Una agradable sorpresa etnográfica.
Muros de piedra seca delimitando los antiguos caminos cercanos a la ermita del Carmen.
Además, desde la ermita del Carmen parte una ruta que nos recomendó hacer Ferrán, de O Chardinet, y que se quedó pendiente para una nueva visita a La Fueva: se trata de una caminata para un día entero que pasa por varios despoblados (Latorre, Lavilla, Solanilla, Cotón…) que se encuentran entre Troncedo y Formigales. Es una excusa como otra cualquiera para volver.
Espero que las fotos que os he incluido os animen a conocer la zona y confío en que sabréis apreciarla y cuidarla. Si no habéis estado nunca en La Fueva, de verdad, no sabéis lo que os perdéis…
¿Qué más queréis que os enseñe para convenceros de que tenéis que visitar Troncedo?
El resto de las fotos que hice y que creo que merece la pena ver están en mi perfil de facebook, seguid este enlace.

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sábado, 19 de octubre de 2013

La lucha contra el caracol manzana ya ha llegado a Aragón

Caracol manzana (Pomacea sp.), una de las especies invasoras más dañinas que estamos sufriendo en España.
El día que al primer imbécil se le ocurrió soltar una cotorra el animalico tendría que haberse revuelto y habérselo comido a picotazos. Este gesto ha conducido a la situación actual en la que las cotorras se han convertido en una plaga en buena parte de España, desplazando a las especies de pájaros autóctonas y llegando a comprometer seriamente su supervivencia... y la integridad física de los paseantes, que cualquier día un nido se caerá de un árbol y chafará a alguien.
Algo parecido ocurrió en el 2009 con otra peligrosa especie invasora, más lenta, más pequeña, pero mucho más dañina: el caracol manzana. Según explica SEO en una noticia publicada en su web este mes de septiembre, el gravísimo problema que afecta ahora a los arrozales y los espacios naturales del Delta del Ebro y pone en peligro la estabilidad ecológica de toda su cuenca, comenzó con la "fuga" de ejemplares de Pomacea insularum de una empresa de importación de fauna para acuarios, desde donde empezó a expandirse. El caracol manzana causa verdaderos desequilibrios medioambientales y destruye el arrozal porque come la semilla sembrada y las pequeñas plantas de arroz. La Administración ha gastado hasta ahora cuatro millones de euros en combatir esta plaga desde su aparición en la comarca del Delta sin demasiado éxito.
La prueba de que no está funcionando muy bien el plan de lucha es que este mes de octubre el Boletín Oficial de Aragón ha publicado una serie de medidas de contingencia obligatorias que deben aplicarse en tierras aragonesas para evitar la introducción de Pomacea. Aunque todavía no se ha detectado en esta comunidad autónoma, la expansión de la plaga sufrida en el Delta del Ebro y la existencia de equipos de recolección del cultivo del arroz que se trasladan desde esas zonas hasta las zonas productoras aragonesas son considerados como factores de riesgo para la introducción de la plaga, por lo que es necesario extremar las medidas de protección frente a la misma.
Mucho me temo que por muchas medidas que se tomen acabaremos igual que con el mejillón cebra, con el bicho repartido por toda la cuenca del Ebro, nuestros ecosistemas fluviales y lacustres muy afectados y, seguro, con la extinción de alguna especie de caracol autóctono.
Lo que más me desespera del asunto es que el Gobierno de España parece que pasa de todo y en lugar de prohibir definitivamente el comercio de todas estas especies invasoras (caracol manzana, cotorras, tortugas de Florida y un largo etcétera) ha vuelto a autorizarlo hace pocos meses, este mismo año. A ver si lo próximo que se escapa (o que "libera" algún gilipollas) es una familia de escorpiones africanos y acaba haciéndose nido en casa de algún ministro, a ver qué le parece, rediós ya..

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jueves, 3 de octubre de 2013

Fin de semana de setas y moras

Seis rebollones (Lactarius deliciosus) que para foto estaban muy bien, pero tan podridos ya que tuve que dejar en el monte.
El fin de semana pasado, el último de septiembre, marché para Castiello de Jaca. La excusa para ir fueron las fiestas de San Miguel, pero en realidad las fiestas me daban bastante igual: lo que yo quería era ponerme como un loco de rebollones (Lactarius sp.) y negrilla (Tricholoma terreum), que se dan bastante por los montes de alrededor del pueblo, tanto en la zona de Borau y Aratorés como en la bal de la Garcipollera. Llevaba unos días sin llover y acababa de haber luna llena, que no sé por qué pero es cierto que hace que los rebollones se gusanen, y aun así decidí hacer una salidica, inasequible al desaliento. La noche del viernes al sábado estuvo lloviendo y eso le añadió un punto más de emoción: ¿cuántos talegazos acabaría dándome monte arriba monte abajo y cómo acabaría de chipiao?
Al final, la salida del sábado a por setas fue un fracaso absoluto... media docena de rebollones completamente podridos (estaban majicos por fuera, al menos, y les hice alguna foto), una mojadina interesante y las botas llenas de barro. Pero daba igual. El rato que pasas metido entre los pinos y los buxos, brincando erizones y mirando en silencio total (como si los rebollones se fuesen a espantar...) en cada claro y debajo de cada mata a ver si encuentras algo que llevarte a la cesta no se cambia por el mejor vermú en casa Pío de Castiello. Además, también hubo tiempo de tomárselo después...
Rebollones ya os digo que seis y gusanaos enteros, negrilla ni ver, pero había muchas setas que no conozco pero que me encanta fotografiar. Son las flores del otoño, esas notas de color dentro del verde del pinar que me parecen un regalo de la Naturaleza. Aquí os pongo una y tenéis el resto en mi perfil de Facebook. Si sois aficionados y aceptáis el desafío, sería un "puntazo" que me sugirieseis qué especies pueden ser. Gracias por adelantado a los que os animéis.
Ni idea de la especie, pero preciosas, ¿no creéis?
Pero cuando me pongo en plan recolector, algo tengo que llevarme a la bolsa. Así que el domingo decidí "atacar" a los frutos del bosque y, ahí sí, triunfé. Este año las moras vienen muy retrasadas, ya no tendría que haber por la fecha en que estamos, pero un verano un poco fresco ha hecho que maduren despacio y este comienzo de otoño tan caluroso las ha puesto a punto. Las hay por miles y están en el momento justo. Todavía estoy comiendo mezcladas con el yogur y en ensalada de las que guardé en la nevera... en mermelada no, que ya sé que está muy rica pero me ha dado un poco de pereza hacer. Y claro, también tiré alguna que otra foto. ¿A que se le hace a uno la boca agua, eh?
En su punto, sí señor.
Para terminar, una reflexión: el lugar donde aparqué el sábado estaba lleeeeeno de coches, todos sus ocupantes atareados en la misma labor que yo, recoger setas. No voy a concretar mucho dónde era (sólo faltaba eso... un buscador de setas nunca rebela "sus fuentes") pero sí os digo que era el monte entre las localidades de Aratorés, dependiente del ayuntamiento de Castiello, y de Borau. ¿No sería bueno tanto para el monte como para los dos pueblos habilitar un vedado de setas en esa zona? Serviría por una parte para que la gente que vamos valorásemos más el tesoro que tenemos casi a pie de carretera y lo respetásemos más si cabe y, por otra, para que Castiello y Borau tuviesen unos ingresos complementarios que se podrían dedicar al mantenimiento del monte y su conservación. Yo sería el primero que pagaría muy a gusto dos o tres euros por acceder a un vedado de setas bien cuidado a 10 minutos de mi pueblo, la verdad. ¿Qué opináis vosotros de esta forma de explotación forestal? ¡Nos vemos por los senderos!

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miércoles, 18 de septiembre de 2013

El disparate de la presa sobre el río Bergantes sigue adelante

Una de las numerosas movilizaciones del colectivo El Bergantes no se toca, en Aguaviva (Teruel). ¡¡Ánimo!! (Foto: arainfoachencianoticias)
Me ha costado decidir sobre qué escribir esta semana, pero un repaso a las noticias de los últimos días me ha escupido a la cara un nombre, "Bergantes", y un despropósito, el proyecto de presa que arruinará la riqueza natural de una zona de características únicas, que además tiene la figura de protección medioambiental de Lugar de Interés Comunitario (LIC). El martes pasado, día 17 de septiembre, los votos del PP y el PAR han certificado en las Cortes de Aragón la sentencia del río Bergantes, a pesar de que el resto de los grupos (PSOE, CHA e IU) han presentado una proposición no de ley para parar el disparatado proyecto de la presa que lo cerrará (clic aquí).
Cuanto más leo y más sé sobre este proyecto, más estúpido y sin sentido me parece. Todo el problema, que no es pequeño, está en que el embalse de Calanda, aguas abajo, empieza a tener graves deficiencias y se corre el peligro de que una gran avenida pueda reventar su presa y causar un desastre. Pero en lugar de arreglar esta presa o dotarla de nuevos aliviaderos que permitan evacuar más agua en caso de que se acumule demasiada, se ha decidido construir otra aguas arriba y destruir un paraje de gran riqueza natural.
Según me ha informado directamente Aitor Clemente, portavoz de la plataforma El Bergantes no se toca, el proyecto contempla siete posibles alternativas (a pesar de que se está diciendo en la prensa que son 11) y todas ellas son presas. Sólo cambia el lugar elegido para hacer la cerrada. Se ha descartado de entrada, me dice Clemente, la posibilidad de hacer modificaciones sobre la vieja presa de Calanda por motivos puramente económicos, a pesar de que el Plan Hidrológico del Ebro dice que es viable técnicamente y que supondría un coste similar al de la nueva presa propuesta obstinadamente sobre el Bergantes.
La presa que se pretende construir sería una cerrada de "solo" 70 metros de altura cuya única utilidad sería laminar avenidas: el embalse cuya construcción ya está aprobada no servirá para almacenar agua, por lo que no se obtendrá ningún beneficio cifrado en regadíos, energía eléctrica o turismo alrededor de la pesca o los deportes acuáticos, por ejemplo. No habrá un embalse propiamente dicho, sino que cuando el río suba se anegará una gran área que días después se drenará de nuevo... Si en estos momentos estáis pensando "pero, ¿qué camelo me está contando este tío?" es que habéis empezado a entender los intríngulis del proyecto: que sí, que es exactamente como os lo estoy contando.
Como supongo que necesitaréis pruebas de que no me estoy inventando nada, os ruego que leáis esta noticia del servicio de prensa de la DGA: El INAGA pone condiciones medioambientales al proyecto de la presa de Bergantes. Yo la leo y pienso que es ya puro "choteo", de verdad os lo digo... Justificar el proyecto diciendo que sólo se va a inundar de forma permanente un 1,7 % de un Lugar de Interés Comunitario y que de forma excepcional sólo se inundará por unos pocos días el 34,1 % me parece reírse de los colectivos que están en contra de la presa y pasarse por el arco del triunfo cualquier atisbo de protección del medio ambiente. Es algo a lo que el Gobierno de Aragón nos tiene bastante acostumbrados últimamente, pero no por ello deja de ser menos grave y me cabrea menos.
Para colmo de despropósitos, el plazo de ejecución de las obras se calcula que será ¡¡de 10 a 15 años!! (lo dice esta noticia del Heraldo de Aragón, clic aqui). Esto ya no encaja con nada, porque se supone que la presa del Bergantes es una necesidad urgente para evitar un posible desastre en Calanda... Si esto es así, ¿cómo es que se va a tardar tres lustros en hacerla?
Sólo espero que, ya que este Gobierno no va a rectificar, lo haga el siguiente que venga... y si repiten los mismos, que el proyecto se denuncie ante la Unión Europea, que sí se toma en serio las cuestiones relacionadas con el medio ambiente, y acabe paralizado y descartado para siempre. Me uno al lema de los amigos de Aguaviva, en Teruel: ¡¡EL BERGANTES NO SE TOCA!! Mi apoyo un un gran abrazo, no rebléis.

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jueves, 12 de septiembre de 2013

Obarra, el agujero entre rocas


En primer término la ermita de San Pablo. Detrás la iglesia de Santa María de Obarra.
El segundo fin de semana de septiembre lo he pasado en La Ribagorza. Dos noches alojado en Benasque, disfrutando del pueblo con la temporada turística veraniega tocando ya a su fin, sin agobios, y un domingo en el que he conocido un lugar que me ha parecido absolutamente espectacular: el monasterio de Santa María de Obarra. Este lugar fue el centro neurálgico del condado de Ribagorza, uno de los territorios que formaron el primitivo reino de Aragón, allá por el siglo XI.
El prado donde se asienta el monasterio, junto con el semiderruido palacio episcopal, la ermita de San Pablo y un viejo molino harinero reconvertido en colonia de verano para grupos de jóvenes es un espacio realmente mágico. Está justo a la salida de un estrecho desfiladero, el congosto de Obarra, rodeado de altos muros rocosos naturales (de ahí su nombre de etimología vasca, que quiere decir "agujero entre rocas") y, como nos contaba Rosa, la guía que tuvimos el placer de que nos explicase la historia y el presente del lugar, es un sitio ideal para conectar con nuestro plano espiritual.
Cuando llegas al prado donde está el conjunto de edificaciones no puedes evitar sentir una honda impresión. Dejas volar la imaginación y te pones en la piel de las gentes que al principio del segundo milenio peregrinaba hasta aquel centro de inmenso poder terrenal y divino y veían la mole del monasterio... A mí me parece una obra magnífica, digna de admiración, y he visto cosas como el arco de La Défense. Me hago una idea de lo que tenía que sentir un pobre diablo que no sabía leer ni escribir, que creía que Dios podía fulminarlo en cualquier momento por desobedecer sus preceptos y vivía en una choza: tenía que ser estremecedor.
Los tres ábsides que coronan las tres naves de la iglesia de Santa María.
Después entras en el monasterio y ves las hileras de columnas de perfección geométrica y las sólidas cúpulas. Un bosque de piedra que te protege y te amenaza. Rosa, la guía, explica los secretos numéricos del monasterio, cómo los constructores lombardos usaron el 3, el 7, el 12... para recrear la Jerusalén celestial. Nos cuenta también cómo el monasterio es un gran calendario de piedra (no puedo evitar pensar en Stonehenge) que permitía a los monjes llevar la cuenta de los años bisiestos, de los días que faltaban para semana santa tomando como referencia la segunda luna llena de otoño, cuyo rayo penetra por la ventana central del ábside de la nave principal e incide mágicamente sobre el altar... Y para acabar de dejarnos sin palabras a todos canta con una voz impresionante unos cuantos versos en latín: es el gregoriano que durante siglos llenó el aire del monasterio. El canto hace que vibre la atmósfera a tu alrededor, se te hace un nudo en la garganta. Es indescriptible, por mucho que os lo intente relatar.
Impresionante interior. Lástima no tener más que un móvil para hacer la foto. ¿Véis los arcos sobre el muro del ábside? ¿Véis que hay tres completos y uno partido, sobre el sagrario? Los monjes iban cambiando en alguna fecha determinada un elemento de arco en arco, una vez al año, y cuando llegaban al partido era año bisiesto. Además, la ventana central es la que deja pasar el rayo de luna durante el segundo plenilunio de otoño, para contar 21 semanas a partir de ese momento y situar la Semana Santa en el calendario del año siguiente. También el sol penetra por esa ventana e incide sobre el altar durante el periodo que precede y sigue al solsticio de verano.
Y en contraste con el poder y la grandiosidad del monasterio, entras después en la pequeña ermita donde los peregrinos que se dirigían a Santiago (sí, por aquí también pasaba un ramal del camino...) podían pernoctar o incluso quedarse durante un tiempo a reponerse de las penalidades que habrían sufrido al atravesar los Pirineos. Allí la grandiosidad da paso a un recinto preparado para instalar literas de tablas, con el techo ennegrecido por el humo de hogueras encendidas cada noche durante cientos de años, que se contrapone de forma brutal con la perfección de Santa María: ningún lujo, ninguna piedra labrada, ningún calendario lunar, sólo un techo para calentarse y comer lo que los monjes ofrecieran.
¿Qué más puedo decir? ¡Visitadlo si tenéis la oportunidad! Sólo espero que la visita os haga sentir lo mismo que sentí yo mientras estuve allí, en el agujero entre rocas, y que el recuerdo os emocione como a mí mientras termino este post...
Visión general del monasterio de Obarra. Apetece visitarlo, ¿a que sí?
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viernes, 30 de agosto de 2013

¿Son compatibles la protección del medio ambiente y el desarrollo rural?

Acantilados entre las playas de Arnao y Peñarronda, en la reserva de la biosfera del río Eo, Oscos y Terras de Burón, en el Occidente de Asturias, un auténtico paraíso natural.
Otra semana que el post del lunes sale en viernes... y es que estar de vacaciones tiene estas cosas. Precisamente este post lo puedo escribir por eso, por haber estado de vacaciones nada más y nada menos que en la reserva de la biosfera del río Eo, Oscos y Terras de Burón, en el Occidente de Asturias.
He estado disfrutando de un alojamiento rural precioso (Apartamentos Lagunas) del concejo de Castropol en un entorno idílico: verde por todas partes, vacas, casitas perdidas entre los prados y campos de maíz, playas y acantilados fantásticos... y tranquilidad, muchísima tranquilidad. Por la noche, a pesar de estar a escasos 20 metros de una carretera, no se escuchaba ni un ruido. Quizás el mujido de una vaca, nada más. Evidentemente, el lugar perfecto para mí y una auténtica pesadilla para un urbanita.
El hecho de estar dentro de una reserva de la biosfera y, además, un parque natural, supone poder encontrar estos pequeños paraísos. Pero también supone un serio problema para los que tienen que vivir en ellos todo el año. Me explico: el hecho de que existan gran cantidad de limitaciones a la construcción de casas nuevas, a la apertura de nuevos negocios incluidos alojamientos para el turismo o a la puesta en marcha de pequeñas industrias hace que en realidad no haya demasiadas opciones de trabajo para los residentes. Fernando, el propietario de los apartamentos donde he estado, un tipo majísimo y un modelo a seguir por lo que a mí respecta, se lamentaba de todo esto: comentaba que de acuerdo, el entorno y su riqueza natural era lo que atraía al turismo, pero que cualquier iniciativa de desarrollo de la zona estaba tan encorsertada que era muy complicado poner en marcha incluso un alojamiento rural como el suyo...
Pequeña laguna de agua dulce en las cercanías de la playa de Arnao, con un gran parque con merenderos al lado... Paradisiaco.
Y esa conversación es lo que me ha hecho escribir esto que estáis leyendo. Me conocéis de sobra y sabéis que soy defensor acérrimo de la naturaleza pero, ¿hasta qué punto deben entrar en conflicto la conservación del medio ambiente y el desarrollo económico de la población local? Y fijaos que digo "población local": en absoluto me refiero a que la actividad económica se desmadre como ocurre, por ejemplo, en las estaciones de esquí, que atraen gran cantidad de turistas y trabajadores temporales tipo plaga de langosta, sino a los que han nacido en la zona y dependen de los negocios que puedan prosperar en ella para no emigrar. Pensaba que mis ideas estaban muy claras, pero la conversación con Fernando de la semana pasada, que me ha traído a la memoria una conversación parecida de hace unos 15 años con mi amigo José Antonio, de Bisaurri (un pueblecito del valle de Benasque), me ha vuelto a generar muchas dudas... ¿No existe un punto de equilibrio que permita conservar el medio natural y además que los residentes puedan aspirar a la misma prosperidad a la que se aspira en otros lugares? ¿No hay una forma de que el entorno se mantenga y los paisanos tengan forma de seguir viviendo donde nacieron? Creo que hasta ahora, en España al menos, no lo hemos encontrado y urge hacerlo para que Fernando y José Antonio y otros muchos puedan seguir viviendo de su trabajo en su pueblo, los turistas podamos disfrutar de los lugares fantásticos donde residen y el medio ambiente no se resienta.
Cierro el post con una foto de la playa de Peñarronda en bajamar. Otro rincón precioso y muy tranquilo, a pesar de tener un camping y un restaurante y algún que otro chalé cerca. Pero sin comparación con las atestadas playas del Mediterráneo y sus horribles bloques de apartamentos y megahoteles.


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viernes, 23 de agosto de 2013

El olvidado castillo de Miranda

El castillo de Miranda. Espectacular atalaya que Alfonso I utilizó en la conquista de Zaragoza a los musulmanes y que ahora se consume en el olvido, a una hora caminando del final de la línea 43 del bus urbano en Juslibol. ¿Queréis conocerlo? Acompañadme en mi ruta: http://www.endomondo.com/workouts/232325389/6190822
Los que me leéis habitualmente ya sabéis que de vez en cuando me da el siroco, me lío la manta a la cabeza y me doy una vuelta por los alrededores de Zaragoza para marcarme el post de la semana. Y este domingo ha sido uno de esos días: he visitado las ruinas del castillo de Miranda, un edificio absolutamente olvidado y abandonado a su suerte, a pesar de estar catalogado como BIC, que vigila desde una atalaya espectacular todo el llano del río Ebro desde Alfocea hasta Zaragoza.
Para acercarme a este punto estratégico, uno de los que utilizó Alfonso I el Batallador para conquistar la ciudad de Saraqusta al moro (me parece mucho más bonito el nombre árabe que el reto para comer polvorones que le pusimos los cristianos...), he escogido un sendero que empieza nada más dejar atrás la barrera que impide el acceso en coche al galacho de Juslibol desde ese barrio de Zaragoza. Podéis seguir la ruta en Endomondo y ver todas las fotos de la caminata en este álbum de mi perfil en Facebook.
Comienza con una fuerte subida por una antigua gravera abandonada absolutamente espectacular y sigue por la parte superior de los escarpes del Ebro. Las vistas tanto de la llanura aluvial del río y del galacho de Juslibol como de los desérticos montes de San Gregorio son fantásticas y nos sitúan ante un contraste de ecosistemas brutal, a tan sólo unos cuantos metros de distancia.
La ruta discurre posteriormente por un pinar de reforestación con unos pinos raquíticos que hacen lo que pueden para sobrevivir en un terreno yermo y seco como pocos en Aragón, aunque sus pequeñas sombras se agradecen bastante, y después por un escarpado barranco que no me gustaría nada recorrer en un día de tormenta. Al final a las ruinas del castillo se accede como si llegásemos desde los montes de Alfocea, por la parte superior, en lugar de por donde debió de estar la puerta.
Poco queda de la construcción: el contorno del muro, una torre de dos pisos a punto de venirse abajo, la base de la torre del homenaje y tres de las cuatro paredes de una sala que debió ser alojamiento de la tropa o quizás un gran salón, en el que se adivinan la base de varios arcos. Más abajo, en la ladera contraria al río, está la entrada de una especie de bodega casi colmatada de sedimentos y que parece que podría dar acceso a algunas otras dependencias y túneles dentro del promontorio... Hasta esa pequeña dosis de misterio tiene este encantador rincón de Zaragoza.
Animaos a conocerlo y completad la excursión, como hice yo, con el regreso a través del galacho. Y si es fin de semana no dejéis de visitar su centro de interpretación, que merece la pena.
¡Nos vemos por los senderos!
Desde el galacho, apenas se aprecia la grandiosidad de las ruinas del castillo de Miranda. Pero ya habéis visto, sobre todo si habéis entrado en la galería de fotos de mi perfil en Facebook, que se trata de un lugar sorprendente.


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lunes, 12 de agosto de 2013

La atalaya del monte Grosín

Aljibe del castillo del monte Grosín, único resto que queda de la fortificación que entre los siglos IX al XVI vigiló desde esa elevación las tierras entre Sabiñánigo y Puente La Reina de Jaca, al sur, y los valles de Borau y Aragón, al norte.
Este domingo pasado he subido a la cumbre del monte Grosín, junto a Jaca, a ver los restos del aljibe que una vez aprovisionó de agua el castillo situado en ese punto. Llevaba muchos años queriendo hacer la excursión y, por suerte, hace unos meses los amigos de Senderos de Borau señalizaron el camino y este verano ha sido el momento adecuado para seguir esta ruta.
Pista que recorre la sierra de Angelé.
Son unas cinco horas paseando por pistas de tierra y senderos muy limpios y transitables que te regalan con unas vistas espectaculares: al norte una panorámica impresionante de las cumbres del Pirineo occidental aragonés, desde Navarra hasta la bal de Tena. La mole del Bisaurín, los Lecherines, Collarada... una auténtica maravilla. Y al sur, desde la atalaya del monte Grosín, la extensión que va desde Sabiñánigo hasta Puente La Reina de Jaca, las tierras que vigilaban como esparbeles los hombres de la guarnición del castillo que ocupó la cumbre entre los siglos IX al XVI, según explica la web Castillos de Aragón y el post que os he enlazado en el primer párrafo. Desde luego, la ubicación de la fortificación no podía ser mejor, con un control total de lo que ocurría en las tierras a sus pies.


Estas tres fotos muestran las espectaculares vistas desde la cumbre del monte Grosín, las dos anteriores hacia el norte (la primera con el macizo de Collarada el fondo y la bal de Aragón a sus pies y la segunda con una panorámica desde el Bisaurín a Los Lecherines sobre la bal de Borau) y esta tercera hacia el sur, avistando hasta la canal de Berdún.
Actualmente, los únicos restos visibles son los de uno de los aljibes que proveía de agua a la fortificación (es la foto de cabecera), ya que el denso matorral oculta las ruinas de los muros que según parece todavía siguen ahí, entre la maleza. Pero aunque casi no quede nada del castillo, uno no puede evitar dejar volar la imaginación hasta los tiempos en que por la canal de Berdún igual podía verse llegar un ejército cristiano del rey de Navarra que uno moro del califa de Córdoba, con ganas de saqueo, y ponerse en el pellejo del vigía que tendría que dar la alarma para que todos se pusieran a salvo... Y también piensa uno en lo que tenía que ser allí arriba una buena nevada de esas que empiezan con el suelo verde y te acaban con nieve hasta más arriba de la rodilla, con el viento helado bajando desde la cumbre de Collarada y estrellándose contra la muralla en lo alto del Grosín...
La pequeña guarnición, porque seguro que no era muy grande ya que en esa posición es complicado hacer llegar provisiones de forma habitual, daba protección aparte de a la cabecera de la bal del Aragón a una aldea cercana, según las crónicas... Si la vida en el castillo tras los muros de piedra no podia ser fácil, menos todavía lo sería en chozas que apenas resguardarían de la intemperie. No es de extrañar que en el siglo XVI castillo y aldea dejaran de estar habitados: el castillo había perdido su utilidad militar y había zonas mucho mejores para los paisanos, en el fondo de los valles que rodean el monte Grosín.
Os recomiendo la caminata, que podéis completar con una visita a Borau, a Aratorés o a Castiello de Jaca (hay una pista semiabandonada pero transitable a pie que baja hasta esta última población y nos permite ver también las ruinas de la ermita de San Bartolomé, todo ello muy bien señalizado como PR). La única precaución que tenéis que tomar es cargar con bastante agua, ya que no hay ni una sola fuente durante todo el recorrido, no vayáis a hacer corto. ¡A disfrutar del monte amigos!
El mítico monte Oroel desde la cumbre del Grosín.
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lunes, 5 de agosto de 2013

No a los embalses, sí al desarrollo sostenible en el Pirineo aragónes

La Ronda de Boltaña tocando en una plaza Biscós (Jaca) abarrotada. Sé que la foto es muy mala, pero con el móvil y por la noche no se pueden pedir peras al olmo, amigos...
Jaca, la plaza Biscós abarrotada de gente, 11 de la noche del sábado 3 de agosto. El Festival Folclórico de los Pirineos 2013 ofrece uno de sus platos fuertes: el concierto de La Ronda de Boltaña. Y, como siempre, La Ronda no defrauda y no se calla: vuelve a cantar contra los pantanos que durante décadas han ido echando de sus casas a muchos montañeses y ensalza la forma de vida tradicional y el idioma del país, un país que empieza en la sierra de Guara y termina en la muga con Francia, en los puertos Viejo, de la Pez o de la Madera.
Yo ya los había visto en directo en Zaragoza varias veces y una tarde memorable los seguí por su pueblo en fiestas, rondando, bebiendo de los porrones y comiendo de las bandejas de dulces que los boltañeses sacaban de cada casa. Pero este concierto me gustó especialmente: los gritos de “¡Yesa no!” que de cuando en cuando coreaba el público, los aplausos en los que prorrumpíamos en medio de las presentaciones de las canciones que hacía como de costumbre Manuel Domínguez, cuando defendía las lenguas de los aragoneses, incluida el catalán, o cuando recordaba que el Gobierno autonómico no había querido ni hablar de la posibilidad de que el maravilloso "Canto a la Libertad" de Labordeta (que interpretaron) fuese el nuevo himno de Aragón... El concierto estuvo cargado de sentimientos: de rabia, amargura y nostalgia cuando se hablaba de Jánovas, de Mediano, de la bolsa de Bielsa... y también de fuerza y optimismo cada vez que se decía Sobrarbe o Aragón en cualquiera de las canciones, cuando se hablaba de la primavera, de volver, de hacer crecer de nuevo nuestra tierra.
¿Lo mejor del concierto? Notar como por cuatro o cinco veces las lágrimas se te vienen a los ojos y la voz se te quiebra y no puedes seguir cantando, ver cómo el señor mayor que tienes al lado llora como un chico pequeño al escuchar sus propios recuerdos en la letra de una canción y, sobre todo, oir decir a mi hija de nueve años después del subidón de “Bajo dos tricolores”, mirándome con los ojos húmedos: “Son canciones muy bonitas, papá”... Cuando le oí eso a mi pequeña, supe que nada está perdido.
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domingo, 28 de julio de 2013

Al Lanuza de verdad se lo tragó para siempre el pantano

Aquí se quedó el verdadero pueblo de Lanuza, en el recuerdo de los que fueron sus habitantes. Nunca volvió a salir del pantano que se lo tragó en 1980, y allí sigue. Lo que se ve ahora es otra cosa, son casas levantadas sobre las ruinas viejas que intentan remedar un pueblo. Mi respeto para los capezutos que lucharon y consiguieron recuperar las casas de sus padres. Y mi desprecio profundo y avinagrado para los aprovechados que han convertido Lanuza en una ciudad de vacaciones.
Este fin de semana del 27 y 28 de julio se ha echado el cierre a la edición 2013 del Festival Pirineos Sur, el evento que año tras año pone en el mundo a dos pequeñas localidades del Pirineo oscense: Sallent de Gállego y Lanuza, en la cabecera de la Bal de Tena. El escenario flotante de Lanuza, sobre las aguas del embalse que obligó a los vecinos a marcharse en 1978, es un lugar impresionante para ver conciertos y el festival llena de vida Sallent durante las semanas en que tiene lugar.
Fijaos que he dicho "llena de vida Sallent" y no Lanuza, porque a pesar de que nos llevan vendiendo a través de los medios de comunicación que Lanuza es un pueblo recuperado de la ruina tres décadas después de que todos sus habitantes fuesen desalojados para anegar sus tierras, eso queridos amigos es una burda manipulación de la realidad. O más bien una cruel mentira.
Lanuza ya no es un pueblo, es una urbanización. Está sobre las ruinas de lo que un día fueron las casas de los orgullosos montañeses: agricultores, ganaderos, artesanos... Pero ahora las construcciones son meras caricaturas de lo que fueron, llenas de flores las ventanas como si estuviésemos en un partio cordobés (que son preciosos, claro, pero eso aquí no pega ni con cemento-cola), con las fachadas de piedra y los contraventanos de madera recién barnizada, que sólo echas en falta un par de figurantes vestidos de joteros para completar una postal totalmente artificial.
Junto a las aguas del pantano todavía resiste una casa entera, otro par que se espaldaron y espaldadas siguen, y una más en la calle de la escuela que reparada conserva su aspecto original, sin balcones llenos de maceteros con geranios rojos como el resto de lo que un día fue un pueblo. Su visión, como gigantes pétreos malheridos que el tiempo acabará por borrar hasta del recuerdo, oprime el corazón. A mí, al menos, me lo oprime...
Esta casa sigue aguantando junto al pantano de Lanuza, sola, contra el agua y el tiempo.
Una de las casas espaldadas muy cerca del agua. Esta ya no hay quien la levante...
Separada de la anterior por una calle, otra de las viejas casas que está a medio caer.

La misma casa de la foto anterior, pero vista desde el otro lado. Detrás se ve la reconstrucción del antiguo Lanuza, muy diferente de lo que serían las casas tradicionales del Alto Aragón. Es un pueblo de veraneo, de segundas residencias.
Esta es la única casa original que sigue tal cual, en la calle de la escuela. Ni contraventanos recién barnizados ni fachada de piedra nueva. Una casa de la montaña de verdad.
Caminas por donde hace 40 años pasaban el ganado, los carros y algún que otro seat 600 y ves los nuevos negocios que han florecido: un hotel, un restaurante de postín... Pero no hay "habitantes", sólo hay "veraneantes", incluidos los hijos y nietos del lugar, eso sí, que reconstruyeron las casas familiares y las convirtieron en segundas residencias. Mi más profundo respeto por ellos, pero mi absoluto desprecio hacia los especuladores que aprovechándose del esfuerzo de los capezutos (así parece que llamaban a los de Lanuza) y del boom urbanístico han llenado el entorno de las viejas calles de edificios de apartamentos y de adosados que están a medio vender y en algunos casos a medio acabar. Sólo tenéis que mirar las fotos para ver que no miento...


Valga este pie de foto para las tres anteriores: esto es lo que ha dejado el boom urbanístico en Lanuza. Adosados a medio acabar, un mamotreto de apartamentos que da mala gana... Esto no es recuperar un pueblo abandonado, no señor.
Así que si buscáis un centro de vacaciones en la montaña, situado en un marco idílico y con todas las comodidades, Lanuza entra en esa categoría, como Morillo de Tou, Ligüerre de Cinca u otros muchos lugares del Pirineo aragonés. Pero si buscáis un pueblo en el que se siga viviendo "de verdad" es mejor que escojáis otro destino... Por ejemplo Sallent, que está bien cerca, ha sabido subsistir primero y después crecer al abrigo del turismo de invierno y de verano y, cuando no hay ni esquiadores ni veraneantes como yo, es un precioso pueblo.

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lunes, 22 de julio de 2013

Del refugio de Armeña al ibón de Plan

Ibón de Plan o basa de la Mora, que de las dos formas se llama. Una de las joyas naturales del Sobrarbe. Si queréis ver todas las fotos que tomé y ha merecido la pena guardar, tenéis el álbum completo en este enlace.
Hace pocas semanas subí un post a este blog en el que os contaba cómo es la subida entre Barbaruéns y el refugio de Armeña (clic aquí para verlo). Una subida corta pero relativamente dura por lo empinada, algo peligrosa ya que discurre junto a impresionantes acantilados y, sin duda, un regalo para la vista tanto durante el trayecto como cuando se llega al refugio.
La segunda etapa de esa salida de fin de semana fue el paso desde La Ribagorza hasta Sobrarbe: saltamos por la colladeta de l’Ibón desde el refugio de Armeña hasta el ibón de Plan y el refugio de La Basar, donde hicimos la segunda noche. Es una travesía muy sencilla, con algunas pendientes que te pesan en las piernas (lo habitual, estamos subiendo y bajando un collado en alta montaña) y con excelentes vistas. Además, la parte entre el collado y la basa de la Mora, el otro nombre que tiene el ibón de Plan y que a mí me gusta mucho más, está muy bien marcada: un sendero muy pisado y además las marcas de la GR 15 (rojas y blancas, acordaos). El tramo entre Armeña y el collado está menos transitado, la senda se pierde cada dos por tres y las marcas no están tan juntas como en la vertiente norte, pero tampoco es un gran problema porque puedes caminar por laderas cubiertas de pasto que no entrañan ningún peligro; tampoco te puedes perder, es cuestión de seguir “monte arriba” en dirección al collado. Por cierto, una pasada la vegetación de prado de alta montaña de esas laderas: tuve la suerte de pillar bastantes plantas en flor y daba gusto por los colores y, sobre todo, por el olor… Mi alergia a pólenes tiene otra opinión, así que los alérgicos no os olvidéis de echar la medicación a la mochila si vais en primavera-verano.
El único punto donde uno se puede liar un poco si no conoce la zona y es un poco duro de mollera con los mapas es el paso de las Garzas, un primer collado que da salida a un valle a espaldas de la sierra de Chía, pero hay unos indicadores que te dicen por dónde hay que seguir. Os pongo la foto para que no queden dudas.
Para los despistadillos: hemos venido por la derecha, desde el refugio de Armeña, y seguimos hacia la izquierda (el cartel que está en el suelo) hacia el ibón de Plan. Si bajamos por el la canal que tenemos frente a nosotros nos vamos hacia Chía, cuya sierra se ve al fondo, y Barbaruéns.
Cuando se llega arriba del todo merece la pena tomarse un rato de descanso y contemplar lo que ha quedado a nuestra espalda, con la mole del Turbón al fondo, y el impresionante panorama que se abre delante de nosotros, con los picos de Monte Perdido y Bachimaña, por ejemplo, dibujando el horizonte. De forma excepcional, porque eran finales de junio, había todavía mucha nieve adornando todas las cumbres y neveros por todo el trayecto de la travesía.
El macizo de Monte Perdido desde la colladeta del Ibón. Abajo se ve el principio del bosque que conduce hasta el ibón de Plan.
Esto hemos dejado a nuestra espalda. Al fondo a la derecha, la mole del Turbón.
La bajada desde el collado hasta la basa de la Mora tiene una zona que a mí personalmente me pareció espectacular. Un largo tramo atraviesa lo que debió ser un antiguo bosque de grandes pinos negros y que ahora está completamente arrasado por los aludes. No se trata de aludes sólo de este invierno en el que ha nevado excepcionalmente, sino que se ven los troncos antiguos, enormes, arrancados de su raíz. Algunos pinos todavía resisten en la desolada ladera, aunque todo indica que les queda poco ya… Es increíble cómo la Naturaleza decide y actúa: en algún momento el monte que hay sobre esa zona comenzó a escupir aludes hacia ella hasta convertirla en un enorme pedregal lleno de madera muerta. Impresionante, ¿no creéis?
Algunos supervivientes que se resisten a ser arrastrados por los aludes, en medio de una ladera completamente arrasada por las avalanchas de nieve.
Esa área arrasada por las avalanchas termina en un bosque de pinos abierto con un sotobosque mayoritariamente herbáceo que permite que camines igual de cómodo por la senda que monte a través, para llegar por fin a la ribera del ibón, que es un fantástico espectáculo (es la foto del principio). Una extensa lámina de agua rodeada de bosques excepto en la zona del fondo del lago, que termina en los abruptos canchales del circo glaciar. La típica foto desde la parte del desaguadero es de postal, la viva imagen del paraíso.
El ibón de Plan suele estar siempre lleno de gente cuando hace buen tiempo: una pista abierta al tránsito (con peaje, que se usa para su mantenimiento) parte de Saravillo y llega hasta el refugio de La Basar, que está a escasos dos kilómetros de distancia del ibón. Cualquiera puede acceder con el vehículo particular hasta una zona de aparcamiento junto al refugio y caminar 20 minutos hasta el lago por un bosque de cuento y después atravesando otro antiguo lago colmatado y convertido ya en prados.
El Refugio de La Basar. "Apoyao en el quisio de la mansebía" mi amigo José Ricardo Gracia (sí, el fotógrafo de Esparbel.es)
A todo esto sólo le voy a poner un “pero”: el refugio de La Basar, como veis en la foto, tiene una pinta muy buena por fuera. El problema es que, como os he dicho hace un momento, “cualquiera” puede llegar. Comparado con los refugios de Armeña o López Huici, también sin guarda pero a los que sólo acceden montañeros, es un desastre: falta uno de los bancos de madera que tendría que estar con la mesa, no hay nada de mobiliario ni menaje, está lleno de pintadas… POR FAVOR: cuando visitéis estos refugios abiertos, pensad que hay gente que los usa para pasar una noche (como yo) y que necesita que estén en buenas condiciones. Que no haya un guarda no quieren decir que no tengan dueño, sino que PERTENECEN A TODOS Y TODOS DEBEMOS CUIDARLOS.
Lo que os acabo de comentar, el refugio de La Basar por dentro está bastante cochambroso. Se puede echar una noche y la chimenea funciona, pero se nota que va por allí mucho melón que no lo cuida como debería. ¡¡Que estos refugios son de todos, todos tenemos que cuidarlos!!
Y con 900 palabras hay de sobra para el post: todo lo que he dejado de contar lo tenéis que descubrir vosotros haciendo esta preciosa caminata. Por cierto, si tenéis que volver al punto de origen es mucho más sencilla desde la basa de la Mora hacia el refugio de Armeña que como la hicimos nosotros, porque os ahorráis la zona más dura entre Barbaruéns y Armeña. Siempre podéis alargarla un poco si la hacéis saliendo de La Basar y llegar hasta el ibón de Armeña, otro paraíso de alta montaña, y volver de nuevo hacia Sobrarbe. 
¡DISFRUTAD DEL MONTE, AMIGOS!
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domingo, 14 de julio de 2013

Nueva Ley de Montes: ¿un avance o barra libre en el monte aragonés?

Aprovechamiento forestal para obtener madera y biomasa. (Foto: prensa DGA)
Esta semana os pensaba contar la segunda parte de mi caminata por los montes del Sobrarbe y La Ribagorza, entre el refugio de Armeña y la basa de la Mora, pero ha ocurrido algo que me obliga a cambiar de tema: la aprobación por parte del Gobierno de Aragón de la nueva Ley de Montes de la comunidad autónoma. Se trata de una legislación que facilita la explotación y aprovechamiento de las masas forestales aragonesas... Permitidme, después de las últimas "perlas" medioambientales que se han perpetrado en Aragón (lo más gordo ha sido el nuevo plan de la cuenca del Ebro, con 79 nuevos embalses recogidos en su redacción), que tenga algunos recelos.
La excusa del Gobierno aragonés para cambiar de arriba a abajo la legislación que regulaba hasta ahora los usos de la superficie forestal de la comunidad autónoma es la creación de empleo y de riqueza... Miedo me dan estas afirmaciones del consejero Modesto Lobón: "[...] el medioambiente no es un obstáculo para nada, sino que es compatible con la creación de negocios y la ampliación de las perspectivas de la gente [...]" (noticia de El Heraldo de Aragón). Modesto Lobón y su Departamento han demostrado con creces en los últimos tiempos un nulo interés por la defensa del medio ambiente, así que eso de decir que no sea obstáculo me suena fatal, no sé a vosotros... Y, por otra parte, también me pone en guardia por motivos netamente ideológicos (los que me leéis habitualmente ya sabéis "de qué pié cojeo"...) eso que dice la noticia del Heraldo de que: "Los montes de Aragón se abren a la iniciativa privada [...]". ¡Ay, mamá!
De todo lo que he leído sobre la nueva Ley de Montes creo que hay cosas muy razonables, a cada cual lo suyo. Por ejemplo que parece que va a facilitar y favorecer el uso ganadero en zonas consideradas forestales: eso abarata la alimentación del ganado y mantiene los bosques en buenas condiciones para prevenir incendios. De paso, las ovejas vuelven a ser ovejas, por ejemplo, y en lugar de estar en la cuadra comiendo pienso están en el monte comiendo hierba, que es lo natural... Otro punto que me parece un avance es que un terreno agrícola abandonado durante un máximo de 15 años (hasta ahora eran sólo nueve) se pueda roturar y volver a poner en cultivo, ya que no hay que olvidar que en muchos paisajes rurales las parcelas cultivadas son parte integrante del ecosistema. También considero acertado que una plantación de encinas para cultivar trufas se considera terreno agrícola y no forestal... por muy árboles que sean se trata de un cultivo "artificial", entiéndase el término.
Pero hay dos cosas que me preocupan mucho, tras una lectura muy superficial. La primera, algo concreto: que para abrir una pista para vehículos en una zona forestal ya no habrá que pedir permisos si es de 500 metros o menos, sólo hará falta una "notificación". Ojo con esto porque una pista forestal abierta por mal sitio puede destrozar el equilibrio de un monte entero, debido a que facilita la formación de torrentes y a la erosión consecuente a la eliminación de la cubierta vegetal. La segunda es una cuestión de "filosofía" de la nueva ley: se facilitarán y simplificarán todos los trámites para llevar a cabo explotaciones y aprovechamientos forestales. Creo que en un país como España, donde vamos muy justicos de respeto por la Naturaleza, todo lo que sea poner fácil la posibilidad de agredirla, por remota que sea, es un gravísimo y peligrosísimo error...
¡Ójala el tiempo no acabe confirmando mis temores!

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lunes, 8 de julio de 2013

Desde Barbaruéns al refugio de Armeña

El refugio de Armeña, un precioso rincón de La Ribargorza (Huesca).
El último fin de semana de junio lo he pasado en los Pirineos oscenses, de caminata, a caballo entre la Ribagorza y el Sobrarbe. Unos amigos y yo hemos hecho una pequeña travesía en dos etapas entre Barbaruéns, en la bal d’Ésera, y el ibón de Plan, en la bal de Chistau. La primera jornada entre la pequeña localidad ribagorzana y el refugio de Armeña es la que os voy a contar en este post. La segunda, que nos ha llevado a la Basa de la Mora (el otro nombre que recibe el ibón de Plan, mucho más evocador…), la dejo para otra actualización del blog. Así no os meto ahora un “tocho” que no haya quien se lea.
La caminata puede hacerse desde el mismo Barbaruéns (clic aquí para ver cómo llegar según “san” Google), pero si tenéis un poco de práctica conduciendo por pistas sin asfaltar os recomiendo que toméis la que sale hacia la izquierda nada más entrar en el casco urbano (hay indicación, tranquilos…) y la apuréis hasta una zona bastante amplia donde se puede aparcar el coche, porque os vais a ahorrar un buen trecho de subida. No hace falta un todoterreno: nosotros íbamos en un coche familiar, vimos un Renault Clio aparcado en la entrada de un campo a mitad de subida y en la zona de aparcamiento estaba estacionado un Peugeot 205 de unos franceses que encontramos luego en el refugio. La pista está en buenas condiciones, aunque hay tramos con piedra suelta por los que hay que circular con precaución y un poco de pericia. ¡Ojo! Una vez metidos en la pista llegaremos, al rato, a una bifurcación: hay que tomar el ramal de la izquierda, ya que el de la derecha nos lleva a otra pista que une Plan y Chía… muy bonita zona, pero no es a donde vamos.
La zona donde podéis aparcar (la pista empeora a partir de ahí) se ve claramente: el camino gira hacia la izquierda de forma marcada y hay una explanada bastante amplia que se nos quedaría a la derecha si siguiésemos adelante. Además, según se llega por la pista se ve de frente un antiguo cortafuegos casi invadido por los árboles, que es por donde comenzaremos a subir.
Bien, pues una vez aparcado el coche y puesta la mochila a la espalda, toca empezar a caminar. No se trata de un paseo, de eso nada… la subida es dura de principio a fin, primero por el viejo cortafuegos, luego por un tramo de la pista que nos volvemos a encontrar y que hay que seguir hacia la derecha y, por fin, un buen trecho de sendero que apenas tendrá un kilómetro más o menos llano en todo el trayecto: en las aproximadamente dos horas que dura la subida se salva un desnivel de algo menos de 500 metros y solamente el tramo de senda que rodea el ibón de Armeña es llano.
En alguna parte leí que era una excursión corta propia para hacer con niños. Pues bien, quien escribiese eso o no la había hecho o era un total inconsciente: los paisajes que pueden verse son absolutamente preciosos, pero excepto por la zona llana del ibón, que está literalmente colgado en un circo rodeado de acantilados, el sendero discurre por encima de esos acantilados. Los patios de cientos de metros se abren junto a la senda y en algunos puntos hay que moverse con mucha precaución, sobre todo bajando, ya que el sendero es muy empinado, con piedra menuda suelta y termina junto a los precipicios. Así que mucho cuidado con aventurarse por esta ruta sin calzado adecuado ni bastones: a andar con zapatillas al paseo marítimo, ¿estamos?
De la subida hay que destacar el maravilloso ibón de Armeña: digno de verse, de verdad. Rodeado por una pequeña extensión de bosque abierto de pinos y algunos pequeños prados es una auténtica joya. Echadle un vistazo en esta panorámica tomada por José Ricardo Gracia, uno de los amigos que formaba el grupo con el que hice la andada.
Impresionante panorámica tomada por José Ricardo Gracia. La ha puesto de cabecera en su perfil de Facebook (haz clic aquí)

El refugio es pequeño y no está guardado, pero se mantiene en perfectas condiciones. Hay sitio para dormir cómodamente entre 15 y 20 personas (colchones de látex y somieres de láminas, un auténtico lujo), una zona de estar con chimenea que funciona, y hasta botiquín y una radio de emergencia por si hay que avisar a protección civil por algún problema. Hay leña a mano en los alrededores del refugio y se puede uno reaprovisionar de agua en la fuente de Riances, a escasos metros del edificio.
Las vistas desde el refugio son espectaculares, tanto del circo de Armeña como de la zona por donde se ha accedido desde Barbaruéns y del circo donde se ubica el ibón que os he comentado antes. Es curioso que en este caso el ibón y el circo que comparten nombre no estén en el mismo sitio… Desde este refugio sale una de las rutas para subir al pico Cotiella, así que los que aparte de hacer senderos como yo os guste también hacer picos, tenéis aquí un buen sitio para ir.
Nada más. Sólo recomendaos que veáis todas las fotos en este álbum de mi perfil en Facebook… ¡Ah! ¡Y una última cuestión!: dejad el refugio un poquito mejor de lo que os lo hayáis encontrado (esto vale para Armeña y para el resto de refugios del mundo mundial…), porque el próximo que llegue seguro que lo agradece. Disfrutad del monte, amigos.
Abres la ventana por la mañana y ves esto... ¿Qué más puedo decir?
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