miércoles, 18 de septiembre de 2013

El disparate de la presa sobre el río Bergantes sigue adelante

Una de las numerosas movilizaciones del colectivo El Bergantes no se toca, en Aguaviva (Teruel). ¡¡Ánimo!! (Foto: arainfoachencianoticias)
Me ha costado decidir sobre qué escribir esta semana, pero un repaso a las noticias de los últimos días me ha escupido a la cara un nombre, "Bergantes", y un despropósito, el proyecto de presa que arruinará la riqueza natural de una zona de características únicas, que además tiene la figura de protección medioambiental de Lugar de Interés Comunitario (LIC). El martes pasado, día 17 de septiembre, los votos del PP y el PAR han certificado en las Cortes de Aragón la sentencia del río Bergantes, a pesar de que el resto de los grupos (PSOE, CHA e IU) han presentado una proposición no de ley para parar el disparatado proyecto de la presa que lo cerrará (clic aquí).
Cuanto más leo y más sé sobre este proyecto, más estúpido y sin sentido me parece. Todo el problema, que no es pequeño, está en que el embalse de Calanda, aguas abajo, empieza a tener graves deficiencias y se corre el peligro de que una gran avenida pueda reventar su presa y causar un desastre. Pero en lugar de arreglar esta presa o dotarla de nuevos aliviaderos que permitan evacuar más agua en caso de que se acumule demasiada, se ha decidido construir otra aguas arriba y destruir un paraje de gran riqueza natural.
Según me ha informado directamente Aitor Clemente, portavoz de la plataforma El Bergantes no se toca, el proyecto contempla siete posibles alternativas (a pesar de que se está diciendo en la prensa que son 11) y todas ellas son presas. Sólo cambia el lugar elegido para hacer la cerrada. Se ha descartado de entrada, me dice Clemente, la posibilidad de hacer modificaciones sobre la vieja presa de Calanda por motivos puramente económicos, a pesar de que el Plan Hidrológico del Ebro dice que es viable técnicamente y que supondría un coste similar al de la nueva presa propuesta obstinadamente sobre el Bergantes.
La presa que se pretende construir sería una cerrada de "solo" 70 metros de altura cuya única utilidad sería laminar avenidas: el embalse cuya construcción ya está aprobada no servirá para almacenar agua, por lo que no se obtendrá ningún beneficio cifrado en regadíos, energía eléctrica o turismo alrededor de la pesca o los deportes acuáticos, por ejemplo. No habrá un embalse propiamente dicho, sino que cuando el río suba se anegará una gran área que días después se drenará de nuevo... Si en estos momentos estáis pensando "pero, ¿qué camelo me está contando este tío?" es que habéis empezado a entender los intríngulis del proyecto: que sí, que es exactamente como os lo estoy contando.
Como supongo que necesitaréis pruebas de que no me estoy inventando nada, os ruego que leáis esta noticia del servicio de prensa de la DGA: El INAGA pone condiciones medioambientales al proyecto de la presa de Bergantes. Yo la leo y pienso que es ya puro "choteo", de verdad os lo digo... Justificar el proyecto diciendo que sólo se va a inundar de forma permanente un 1,7 % de un Lugar de Interés Comunitario y que de forma excepcional sólo se inundará por unos pocos días el 34,1 % me parece reírse de los colectivos que están en contra de la presa y pasarse por el arco del triunfo cualquier atisbo de protección del medio ambiente. Es algo a lo que el Gobierno de Aragón nos tiene bastante acostumbrados últimamente, pero no por ello deja de ser menos grave y me cabrea menos.
Para colmo de despropósitos, el plazo de ejecución de las obras se calcula que será ¡¡de 10 a 15 años!! (lo dice esta noticia del Heraldo de Aragón, clic aqui). Esto ya no encaja con nada, porque se supone que la presa del Bergantes es una necesidad urgente para evitar un posible desastre en Calanda... Si esto es así, ¿cómo es que se va a tardar tres lustros en hacerla?
Sólo espero que, ya que este Gobierno no va a rectificar, lo haga el siguiente que venga... y si repiten los mismos, que el proyecto se denuncie ante la Unión Europea, que sí se toma en serio las cuestiones relacionadas con el medio ambiente, y acabe paralizado y descartado para siempre. Me uno al lema de los amigos de Aguaviva, en Teruel: ¡¡EL BERGANTES NO SE TOCA!! Mi apoyo un un gran abrazo, no rebléis.

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jueves, 12 de septiembre de 2013

Obarra, el agujero entre rocas


En primer término la ermita de San Pablo. Detrás la iglesia de Santa María de Obarra.
El segundo fin de semana de septiembre lo he pasado en La Ribagorza. Dos noches alojado en Benasque, disfrutando del pueblo con la temporada turística veraniega tocando ya a su fin, sin agobios, y un domingo en el que he conocido un lugar que me ha parecido absolutamente espectacular: el monasterio de Santa María de Obarra. Este lugar fue el centro neurálgico del condado de Ribagorza, uno de los territorios que formaron el primitivo reino de Aragón, allá por el siglo XI.
El prado donde se asienta el monasterio, junto con el semiderruido palacio episcopal, la ermita de San Pablo y un viejo molino harinero reconvertido en colonia de verano para grupos de jóvenes es un espacio realmente mágico. Está justo a la salida de un estrecho desfiladero, el congosto de Obarra, rodeado de altos muros rocosos naturales (de ahí su nombre de etimología vasca, que quiere decir "agujero entre rocas") y, como nos contaba Rosa, la guía que tuvimos el placer de que nos explicase la historia y el presente del lugar, es un sitio ideal para conectar con nuestro plano espiritual.
Cuando llegas al prado donde está el conjunto de edificaciones no puedes evitar sentir una honda impresión. Dejas volar la imaginación y te pones en la piel de las gentes que al principio del segundo milenio peregrinaba hasta aquel centro de inmenso poder terrenal y divino y veían la mole del monasterio... A mí me parece una obra magnífica, digna de admiración, y he visto cosas como el arco de La Défense. Me hago una idea de lo que tenía que sentir un pobre diablo que no sabía leer ni escribir, que creía que Dios podía fulminarlo en cualquier momento por desobedecer sus preceptos y vivía en una choza: tenía que ser estremecedor.
Los tres ábsides que coronan las tres naves de la iglesia de Santa María.
Después entras en el monasterio y ves las hileras de columnas de perfección geométrica y las sólidas cúpulas. Un bosque de piedra que te protege y te amenaza. Rosa, la guía, explica los secretos numéricos del monasterio, cómo los constructores lombardos usaron el 3, el 7, el 12... para recrear la Jerusalén celestial. Nos cuenta también cómo el monasterio es un gran calendario de piedra (no puedo evitar pensar en Stonehenge) que permitía a los monjes llevar la cuenta de los años bisiestos, de los días que faltaban para semana santa tomando como referencia la segunda luna llena de otoño, cuyo rayo penetra por la ventana central del ábside de la nave principal e incide mágicamente sobre el altar... Y para acabar de dejarnos sin palabras a todos canta con una voz impresionante unos cuantos versos en latín: es el gregoriano que durante siglos llenó el aire del monasterio. El canto hace que vibre la atmósfera a tu alrededor, se te hace un nudo en la garganta. Es indescriptible, por mucho que os lo intente relatar.
Impresionante interior. Lástima no tener más que un móvil para hacer la foto. ¿Véis los arcos sobre el muro del ábside? ¿Véis que hay tres completos y uno partido, sobre el sagrario? Los monjes iban cambiando en alguna fecha determinada un elemento de arco en arco, una vez al año, y cuando llegaban al partido era año bisiesto. Además, la ventana central es la que deja pasar el rayo de luna durante el segundo plenilunio de otoño, para contar 21 semanas a partir de ese momento y situar la Semana Santa en el calendario del año siguiente. También el sol penetra por esa ventana e incide sobre el altar durante el periodo que precede y sigue al solsticio de verano.
Y en contraste con el poder y la grandiosidad del monasterio, entras después en la pequeña ermita donde los peregrinos que se dirigían a Santiago (sí, por aquí también pasaba un ramal del camino...) podían pernoctar o incluso quedarse durante un tiempo a reponerse de las penalidades que habrían sufrido al atravesar los Pirineos. Allí la grandiosidad da paso a un recinto preparado para instalar literas de tablas, con el techo ennegrecido por el humo de hogueras encendidas cada noche durante cientos de años, que se contrapone de forma brutal con la perfección de Santa María: ningún lujo, ninguna piedra labrada, ningún calendario lunar, sólo un techo para calentarse y comer lo que los monjes ofrecieran.
¿Qué más puedo decir? ¡Visitadlo si tenéis la oportunidad! Sólo espero que la visita os haga sentir lo mismo que sentí yo mientras estuve allí, en el agujero entre rocas, y que el recuerdo os emocione como a mí mientras termino este post...
Visión general del monasterio de Obarra. Apetece visitarlo, ¿a que sí?
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