miércoles, 25 de noviembre de 2015

Nuevos ganaderos en el campo aragonés

Marcos del Valle, nuevo ganadero de Guadalaviar, en la Comarca de la Sierra de Albarracín. Miradlo a los ojos: yo diría que determinación no le falta... (Foto: Comarca de la Sierra de Albarracín)

No es la primera vez que os hablo en mi blog de genteque ha vuelto al pueblo. No es una decisión fácil, supongo, ya que se trata de cambiar radicalmente tu forma de vida en la mayor parte de los casos, aunque a veces sea una decisión largamente anhelada. En otras ocasiones volver al pueblo se convierte en la única opción de trabajo para muchos jóvenes que estos años de crisis (empezó en 2007 y así seguimos…) han expulsado del mundo laboral en las grandes ciudades. Muchos meses en el paro o dando tumbos de trabajo basura en trabajo basura hacen que jóvenes con ganas de labrarse un futuro y sin miedo a dar un giro completo a su vida acaben intentándolo en el medio rural.
Tiene su mérito… porque una cosa es la idea romántica que muchos tenéis (todos la hemos tenido alguna vez) de volver a una bucólica vida de novela pastoril y otra muy distinta es enfrentarte a un montón de dificultades para abrirte camino en un pueblo pequeño. Puedes encontrarte con una primera actitud un poco hostil por parte de los habitantes de ese pueblo, que te ven como un “raro” que “vete tú a saber qué habrá venido a buscar aquí”, aunque con el tiempo te acaben aceptando; seguramente muchos servicios que en la ciudad tienes muy a mano no estarán tan aparentes (escuela si tienes hijos, médico, una tienda…); y si el pueblo se vacía, literalmente, cuando termina el verano la soledad puede ser una compañera muy dura en algunos momentos. Pero aun así, cada día hay gente que decide dar el paso bien por gusto, bien porque ya no ve más alternativas y quiere empezar desde cero.

Volver a ser ganadero


Si hay un oficio duro, pero duro, es el de ganadero. Yo lo conozco bastante porque soy veterinario por formación, aunque ya no ejerzo, y trabajé durante cinco años con ganado vacuno. Un buen ganadero (los hay malos, pero duran poco en el negocio…) no tiene ni días de fiesta, ni vacaciones, ni el sustento asegurado: los animales necesitan atención cada día (jornada laboral 24/7, es lo que hay) y nada te garantiza que una enfermedad, la sequía, una inundación, un invierno muy frío, un verano demasiado caluroso... o mil cosas más no acabarán con tu producción de la temporada.
Y a pesar de conocer todas esas dificultades hay jóvenes que se lían la manta a la cabeza y contra viento y marea fundan su propia empresa ganadera. Recuerdo el caso de seis nuevos ganaderos menores de 30 años que en el año 2012 iniciaron su actividad en el valle de Hecho en la Jacetania, cuya “aventura” nos relató el programa Temperode Aragón TV, por ejemplo. Y este mes de octubre la Comarca de la Sierra de Albarracín distribuyó una entrevista en la que Marcos del Valle, un joven de 29 años técnico en actividades físico deportivas en el medio natural y descendiente de Guadalaviar, en la Sierra de Albarracín, relata su experiencia como nuevo ganadero en el pueblo de sus ancestros.
Del Valle explica que en su cabeza “siempre ha estado la posibilidad de dedicarme a la ganadería […]. Pero hasta que no me vi sin trabajo, no me lo planteé de verdad”. Este joven emprendedor ha comenzado desde cero, ya que no tenía ni tierras ni animales, y asegura que “si no hubiera contado con subvenciones, no lo habría podido hacer”.
Marcos, además, ha decidido que su explotación sea totalmente tradicional y va ha hacer trashumancia acompañando él mismo a sus vacas. Pasará el verano en el valle de Hecho y bajará a Cuenca en la invernada.
Para los que os lo estéis pensando, unas palabras de aliento de parte del propio Marcos del Valle: “Yo animaría a los que se estén planteando ser ganaderos a que siguieran adelante, porque si es su ilusión, tienen que intentarlo siempre que tengan claro que es muy difícil y que los animales hay que cuidarlos las 24 horas del día y todo el año, pero merece la pena. En cierta medida, soy ganadero y me siento privilegiado por dedicarme a lo que me gusta”. Así que, ¡mucho ánimo!

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jueves, 19 de noviembre de 2015

Las ruinas de Yosa de Garcipollera

Apenas queda ya nada de Yosa de Garcipollera.

Yosa de Garcipollera es el despoblado de este valle del Pirineo más difícil de localizar. Al encontrarse retirado de la carretera que recorre el valle siguiendo el curso del río Ijuez y totalmente espaldau, hay que saber dónde está para llegar hasta él; es complicado encontrarlo por casualidad y además tampoco está señalizado el camino por donde se llega. Pero para eso están los GPS y el Google Maps de los móviles (clic aquí para obtener la ruta).
Lo poco que queda de Yosa de Garcipollera está en la solana del valle, en la margen derecha del Ijuez a una media hora de camino de Bescós por la pista que lleva hasta Cenarbe, que sí está señalada con un cartel en el que se puede leer "A Villanúa por Cenarbe". La pista parte de la carretera principal justo antes de atravesar el barranco de Vadiello y a los pocos metros hay una barrera que impide el paso con vehículos a motor. La pista empieza muy llana junto al cauce del barranco, pero poco después gira a la izquierda y comienza a subir.
Rápidamente se va ganando altura entre el bosque de pinos de repoblación, muchos parasitados con muérdago (sí, aquello que recogía Panorámix con su hoz de oro, para hacer la pócima de los irreductibles galos, o los pastores, para dar de comer al ganado). El pinar está salpicado de algunos frutales asilvestrados que yo diría que son cerezos; no os lo puedo asegurar, pero me da la sensación de que para la primavera el paseo puede ser todavía más bonito que en verano, que es cuando lo hice yo.
Muérdago (Viscum spp.).

No se tarda mucho en llegar a un improvisado mirador en una de las curvas del camino, desde el que hay una estupenda vista del valle hasta el pueblo de Villanovilla. Poco rato después se llega a una zona bastante llana donde la pista se bifurca: a la derecha continúa hacia Cenarbe y Villanúa (hay un buen trecho aún y también se puede volver a bajar más adelante por otra pista hacia la ermita de Iguacel, pero hablamos ya de una excursión de varias horas en los dos casos) y a la izquierda los mapas señalan que se puede llegar hasta las ruinas de Santa María de Trujillo y a Castiello o volver otra vez hacia la carretera principal haciendo una ruta circular y yendo a parar a la borda que hay a mitad de camino entre Castiello y Bescós (más corto que lo anterior, pero un buen rato también). ¡Ojo no os despistéis! Antes de llegar hasta aquí hay una bifurcación en una curva a derechas en la subida: esa no es la bifurcación buena, ya os daréis cuenta si os equivocáis de que el camino que sale ahí hacia la izquierda pronto se convierte en senda... ¡Ese no es, media vuelta!
Si habéis llegado la zona llana donde está la bifurcación "buena", ya no queda nada para encontrar los restos de Yosa de Garcipollera. Dejad la bifurcación a vuestra derecha y caminad por el llano entre los pinos en paralelo a la pista que nos llevaría a Santa María de Trujillo. Seguramente daréis en seguida con un sendero bastante visible que es el que conduce al despoblado. Pronto veréis los restos de una edificación totalmente derruida que parece una borda con un corral anexo rodeado por lo que queda de una tapia de piedra... O quizás una ermita y su camposanto, no sé. Sin conocer cómo fue el pueblo es imposible asegurar una cosa u otra para un simple senderista como yo.
Si seguís por el sendero dejando a vuestra izquierda la ruina misteriosa, llegáis en un momento a la única construcción que queda en pie en la zona: es un refugio de piedra con el vano de la puerta abierta estrechado para que no se cuelen las vacas, con un pequeño hogar bajo que te puede sacar de algún apuro en día de tormenta o en invierno y unos cuantos murciélagos en el techo que parecen inquilinos permanentes del local.
Refugio de pastores. Está un poco antes de llegar al núcleo del pueblo.

Y por la senda, cien metros escasos después, tenemos lo que el tiempo todavía no ha borrado de Yosa. Casi engullidas por la vegetación, que recupera lo que se le arrebató con muchos sudores, te vas topando con las paredes de algunas casas, imposibles de diferenciar unas de otras al menos que conocieses el pueblo antes de que se vaciase. Las zarzas cierran varios pasos y no es fácil moverse entre las ruinas. En la parte norte todavía sobrevive en pie y libre de maleza un pequeño trecho de camino marcado por dos muros de piedra seca. Y poco más... El tiempo ha borrado ya prácticamente Yosa de Garcipollera del mapa, dejándolo vivo sólo en la memoria de quienes lo vieron habitado y en viejas fotos en blanco y negro que antiguos pobladores de La Garcipollera y sus descendientes van colgando en su grupo de Facebook.
Un pequeño trecho de camino delimitado por muros de piedra seca.

Las ruinas siempre resultan evocadoras para los caminantes como yo. No puedo evitar pensar cómo sería la vida entre las paredes que se comen poco a poco los árboles, tan dura, con lo justo... y entiendo perfectamente que la gente marchase, aunque duela ver el abandono y pensar en las vidas que se invirtieron en hacer habitable un rincón perdido del monte, para que al final todo vuelva a ser bosque.
¿Quién se asomaría a esa ventana por última vez, antes de cerrar la casa?
Tienes más fotos de esta excursión en el álbum "Las ruinas de Yosa de Garcipollera" de mi página de Facebook.

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miércoles, 11 de noviembre de 2015

El urogallo tiene por fin un plan de conservación de su hábitat en Aragón

Urogallo (Tetrao urogallus). (Foto: David Palmer - CC BY 2.0)

El Consejo de Gobierno de Aragón aprobó el 4 de noviembre el Plan de Conservación del Hábitat del Urogallo Pirenaico (Tetrao urogallus aquitanicus). La especie está considerada como "sensible a la alteración de su hábitat" en el Catálogo de Especies Amenazadas de Aragón. El plan incluye terrenos de 34 términos municipales diferentes de la Jacetania, Sobrarbe y Ribargorza y el decreto señala una serie de áreas críticas para la especie.
Ha sido un largo, laaaaaaargo camino porque hasta su aprobación final el decreto ha recibido un elevado número de alegaciones y aportaciones durante cuatro años, entre 2010 y 2014, tras los dos procedimientos de información y participación pública al que el borrador había estado sometido previamente. Finalmente, según explica una nota de prensa del Gobierno de Aragón, se ha aprobado un texto consensuado que ha incluido gran parte de todas las aportaciones realizadas durante este prolongado periodo de tramitación.

¿Cuáles son los objetivos del Plan de Conservación del Hábitat del Urogallo Pirenaico?

Los objetivos principales del plan son reducir todo lo posible las causas de mortalidad no natural del urogallo pirenaico, conservar y mejorar su hábitat, facilitar el contacto entre los diferentes núcleos de población del ave que todavía permanecen antivos, hacer un seguimiento detallado de sus poblaciones e incrementar la conciencia social sobre la importancia de esta especie. Para esto último es fundamental lograr que colaboren de forma coordinada los diversos sectores implicados en su protección.
El nuevo plan propone una serie de medidas concretas, como la incorporación a la Red Natura 2000 del mayor número posible de áreas críticas, así como de territorios abandonados que servirán para que la zona de hábitat protegido sea lo más extensa posible. Otras medidas que se incluyen en el plan consiste en minimizar los riesgos de colisión con cercados y tendidos eléctricos, reducir al máximo las molestias que pudiesen causar los trabajos forestales sobre la especie limitando los periodos del año durante los que se puedan realizar o desarrollar trabajos ex profeso para mejorar el hábitat de forma directa y favorecer la expansión de la especie.
Y, menos mal que parece que el nuevo Gobierno de Aragón ha decidido poner alguna que otra cortapisa a los escopeteros, se incrementarán las labores de vigilancia y control por parte de los agentes de protección de la naturaleza para que la caza no suponga un problema añadido a la conservación del urogallo en los Pirineos.

Un 30 por ciento menos de urogallos en la última década

La situación del urogallo pirenaico es muy grave y requería de este plan de conservación que se ha aprobado. Con una tramitación tan prolongada se ha perdido un tiempo precioso, porque según la Dirección General de Sostenibilidad del Gobierno de Aragón ha desaparecido el 30 % del censo de machos reproductores durante los últimos 10 años en el Pirineo aragonés. Tan solo hay 50 urogallos pirenaicos según el último censo de este mismo año 2015, lo que coloca a la especie al borde de la extinción en nuestra comunidad autónoma (y en toda España, con un total de solo 426 machos). En el resto de Europa el urogallo también está en franca recesión.
El descenso continuado de los censos se atribuye a la baja productividad de la especie, que en estos momentos se cifra en 0,7 pollos por cada hembra reproductora, lo que no es suficiente para reponer las pérdidas de individuos que se producen, bien sea por causas naturales o por las de origen humano.
Además, el cambio climático todavía se lo va a poner más difícil: su supervivencia está estrechamente ligada al bosque boreal, que en la península Ibérica va a sufrir una inevitable recesión en los próximos años debido al calentamiento global.
Sólo queda esperar que el plan de recuperación que ha aprobado el Ejecutivo aragonés le aporte a la especie un colchón de protección suficiente como para que su escaso número no disminuya más, comience a recuperarse y se vaya alejando de la crítica situación a la que se enfrenta en estos momentos. Ojalá no se haya llegado tarde y esta ave tan singular siga recorriendo los bosques del Pirineo en el futuro.

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miércoles, 4 de noviembre de 2015

Acumuer, a caballo entre la Jacetania y el Alto Gállego

Foto de Acumuer desde la subida al pueblo de la web RomanicoAragones.com.
Si no conocéis esa web os la recomiendo, de verdad.
Hará ya unos 20 años que estuve por primera vez en Acumuer… Yo tenía todavía un Seat Ibiza rojo matrícula AT de Zaragoza y me gustaba salir desde Castiello de Jaca con él sin rumbo fijo a “descubrir” caminos que no había recorrido de más joven con mis padres, que siempre han sido muy viajeros, y llegar a pueblos que no conocía. Tras una visita al entonces joven Museo de Dibujo Julio Gavín del castillo de Larrés, que os recomiendo visitar (por el castillo y por la exposición permanente, que son los dos una chulada), pasando de mapas me dio la ventolera de tirar valle adelante por el camino asfaltado que sale por la parte norte del pueblo a ver hasta dónde llegaba, en lugar de regresar directamente hacia la carretera de Sabiñánigo a Jaca.
Al poco trecho pude ver colgadas a la izquierda lo que entonces todavía eran las ruinas de Isín, pueblo que actualmente está totalmente rehabilitado y ofrece apartamentos turísticos y un albergue totalmente adaptados para personas discapacitadas y que, claro, pueden también ser disfrutadas por cualquiera. Un entorno fantástico y que merece la pena conocer y un pequeño milagro que sacó un pueblo abandonado de una ruina segura para darle una nueva vida.
Un poco más adelante la carretera dejaba de estar asfaltada, aunque ahora llega el asfalto hasta el mismo Acumuer. Si no recuerdo mal la carretera se volvía de tierra tras pasar de la ribera derecha a la izquierda del río Aurín, el que recorre el valle desde su cabecera hasta Sabiñánigo, donde muere en el río Gállego. Poco antes de ese punto vi lo que me animó a seguir, a pesar de la pista de tierra: “Acumuer, bar abierto”. ¿Cómo resistirme a una invitación así? Llegué a un pueblo en fiestas (por eso estaba el bar abierto) que me encantó; me pareció un pueblo precioso, colgado al final de aquella ladera de prados por la que serpenteaba la pista de acceso.
Espectacular muestra de arquitectura popular pirenaica, una de las muchas que tiene Acumuer.

De regreso a Acumuer dos décadas después

He vuelto a Acumuer otro par de veces, la última el verano pasado, a recorrer sus calles y a ver, contrariamente a lo que se suele uno encontrar en muchos pequeños pueblos del Pirineo aragonés, que cada vez hay más casas abiertas y “arregladas”. Es verdad que su población es muy escasa, 14 habitantes según el censo de 2013, pero el pequeño núcleo dependiente en la actualidad del municipio de Sabiñánigo no es en absoluto un pueblo abandonado.
Actualmente hay un albergue en funcionamiento (el centro de montaña “Antiguo refugio de Acumuer”), que aprovecha la situación de Acumuer en plena GR 15. Esta ruta senderista lo conecta al oeste con la cabecera del valle de la Garcipollera, pasando por el despoblado de Larrosa y a un kilómetro escaso de la ermita de Santa María de Iguacel, y por el este con el valle de Tena atravesando la zona del Sobremonte y llegando a Biescas. Las vistas desde la terracita del albergue son fantásticas, con todo el valle a tus pies; un lugar ideal para tomarse una cerveza sin prisa, disfrutando del lugar, y los propietarios muy majos.
En esta última visita hasta el momento (pienso volver y pienso hacerlo andando en la próxima ocasión, siguiendo ese tramo de la GR 15) vi además algo que dice mucho de quién ha conseguido dejar Acumuer como está ahora, como un lugar habitable y vivo: un grupo de vecinos se habían juntado para hacer un trabajo comunitario, al viejo estilo, reconstruyendo una pared de piedra que se había estropeado en un pequeño parquecillo. Está bien claro que han sido los propios acumuerenses, de sangre o de adopción, o sus descendientes los que han logrado evitar la ruina de su pueblo y conseguir que todos los que pasemos por él lo guardemos con cariño en nuestro recuerdo. Hasta sale en el blog de algún “pirao”, ¿no?
Podéis ver más fotos de Acumuer en mi página de Facebook, en el álbum Acumuer, a caballo entre la Jacetania y el Alto Gállego.
Hay que ir pendiente de los detalles y así te encuentras cosas como esta.

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